Ayuda en la predicación

En esta sección proponemos tres elementos para ayudar en la predicación. En la primera pestaña –HOMILÍA- ofrecemos una homilía completamente redactada.

En la pestaña ESQUEMAS proponemos sugerencias y enfoques con los que se puede desarrollar la homilía, para que cada uno se la prepare a su gusto.

En la pestaña MISCELÁNEA ofrecemos algún ejemplo, anécdota o elemento curioso que ayude a visualizar y comunicar mejor el mensaje de la liturgia.

Esquema homilía

Ascensión del Señor (Ciclo B)

“SUBIÓ AL CIELO”

LA PALABRA DE DIOS: 1ª: Hech 1,1-11; 2ª: Ef 4,1-13; 3ª: Mc 16,15-20

Apareció una nube en el cielo que cubrió a Cristo en su ascensión. Los apóstoles debieron bajar los ojos para mirar la tierra. Momento fugaz. La contemplación de los misterios de Cristo debe llevar al cristiano al compromiso de la caridad: “¿Qué hacéis ahí plantados mirando al cielo?” (1ª lectura). Al contemplar hoy el último episodio de la presencia terrena de Cristo, tenemos que recordar los hechos de su historia para encontrarles su verdadero sentido: Anunciación, vida, pasión, muerte y resurrección: Este es también el itinerario que todo cristiano debe recorrer hacia el cielo a ejemplo de Cristo y acompañado por Cristo. San Pablo nos exhorta a recorrer el mismo camino “con la dignidad de la vocación a la que fuimos llamados” “hasta alcanzar la plenitud de Cristo” (2ª lectura). Dignidad que implica el cumplimiento de una condición: “El que creyere y fuere bautizado se salvará, pero el que no creyere se condenará” (Evangelio)

MENSAJE DOCTRINAL:

1) Cristo se va, pero se queda

Ascensión, en el lenguaje litúrgico de hoy, significa elevarse a las alturas por propia iniciativa y virtud. Es lo que hizo Jesús después de resucitar, elevando con él todos los valores humanos y espirituales que había vivido en la tierra. Todo lo que había pensado, amado, enseñado y obrado quedó revalorizado y divinizado. La Resurrección, la Ascensión y Pentecostés son aspectos diversos del misterio pascual. La Resurrección subraya la victoria de Cristo sobre la muerte; la Ascensión su retorno al Padre y la toma de posesión del reino; y Pentecostés, su nueva forma de presencia en la historia. La Ascensión es la plenitud de la Encarnación y la razón final de la venida de Jesús a la tierra: Dios se hizo hombre para que el hombre participara de la estirpe divina. En la Ascensión, se eleva la plenitud de su naturaleza humana, unida a su divinidad, y nos eleva a nosotros hasta Dios.

La Ascensión nos está diciendo: “vosotros, que tenéis ahora en vuestras manos la buena noticia, ¿qué habéis hecho con ella? ¿La lleváis a todos los rincones de la tierra?”. La tarea de la evangelización es la forma que Cristo inventó para perpetuarse en nuestro mundo a través del trabajo misionero de sus seguidores. La Ascensión no es para ver cómo “se va Jesús al cielo”, sino para ver cómo nos quedamos nosotros aquí para sembrar esperanza en este mundo y para hacer que el Reino crezca. Debemos aceptar, llenos de coraje y de ilusión, el desafío que nos hace Dios para transformar este mundo nuestro. Debemos alegrarnos por la tarea que Cristo ha puesto en nuestras manos y empezar a compartirlo con todos los hombres, especialmente con los más pobres, con los que más sufren, con los más necesitados. Muchos hombres y mujeres siguen sufriendo y llorando, siguen viendo su vida sin salida. Pudiendo llevar la alegría a tantos hermanos nuestros ¿les dejamos seguir ahogándose en sus lágrimas?

2) El ascenso más codiciado

¿Qué significa hoy “ascender”? Subir en el escalafón a costa de los demás en dura competencia de individualismos. Se busca el beneficio propio. El sistema margina o excluye a quienes no entran en su juego. Por eso resulta difícil entender que el “ascenso” de Cristo nos beneficia y eleva a todos. La ascensión de Jesús a los cielos abre los caminos para una fe que ha de ir más allá de nuestros prejuicios; los caminos de un amor que nos ha de sacar del egoísmo; los caminos de una esperanza que no se para ante la muerte. El misterio de la ascensión da sentido y fundamento a todas nuestras ascensiones. Porque Jesús vino a enseñarnos cómo podíamos nosotros solucionar los muchos problemas que habíamos ido acumulando: incapacidad para entendernos, opresión, violencia, muerte. Los hombres estamos orientados al "cielo", a una vida más perfecta, más espiritual, más divina. Se trata de una exigencia interior que nos mueve ya en esta vida a la "elevación", a mejorar nuestro vivir; a la madurez de nuestra persona por una progresiva entrada en la Verdad, en la Justicia, en la Santidad, en el Amor; una evolución hacia lo más perfecto.

3) Su victoria es nuestra victoria definitiva

Su victoria personal anticipa la victoria de toda la humanidad: es nuestro destino último. Jesús de Nazaret va delante de nosotros y quiere que lo sigamos. Jesús subió al cielo después de entregar su vida para enseñarnos a arreglar la tierra. Un proceso de divinización de la raza humana y de toda la creación. El cielo ha empezado ya y vamos adentrándonos en él por la transformación de nosotros mismos y la transformación de nuestro mundo. Todas las aspiraciones al bien y a la verdad, todos los esfuerzos por la justicia y la paz, son expresión de la vocación al cielo. Más verdad, más justicia, más comprensión, más fraternidad, más sacrificio, más amor, esto es ir subiendo hacia Dios.

"Id por el mundo entero proclamando la Buena Noticia a toda la humanidad". A nosotros nos corresponde ahora, convertir el mundo en una tierra nueva que hable las lenguas del amor, superando el mal del mundo, figurado metafóricamente en el veneno mortal y en la curación de las enfermedades. Misión fatigosa y gloriosa, pero realizada con su presencia y con su apoyo y ayuda, porque él no ha dejado la tierra, ni a su Iglesia, sola y desamparada. "Estoy siempre con vosotros hasta la consumación del mundo". En su Corazón palpitan todos nuestros afanes. El ha llevado consigo todas nuestras angustias y zozobras, personales y colectivas, las de todo el mundo. Y nuestros éxitos y conquistas, son suyos.

PARA LLEVARLO A LA VIDA:

¿Estoy asumiendo la misión propia de mi identidad como bautizado en Cristo? ¿En qué doy verdadero “testimonio” de Jesús y en qué no lo doy aún? ¿Qué me falta para madurar más en la fe? ¿Conozco suficientemente a Jesús?, ¿busco vivir por su Causa con la fuerza de su Espíritu y su experiencia de Dios Padre? ¿Qué señales doy de interés por los demás y por su liberación de esclavitudes o angustias, de sufrimientos, marginación, opresión o depresión?

P. José Luis Díaz, LC.

Posible esquema de homilía para el VI domingo de pascua (Ciclo B)

La solemnidad de la Ascensión es una invitación a que nuestro corazón ascienda al cielo.

Todos los días los medios de comunicación nos hablan de la crisis económica, de los acampados, de los antisistema. Multitud de análisis, opiniones, todas necesarias para los hombres, sólo Dios sabe cuántas acertadas, pero  ¿cuántos en medio de las penalidades de la vida levantan su mirada al cielo para consolar su corazón?, ¿cuántos están convencidos, y por lo tanto decididos, a poner la solución desde arriba y no sólo desde la tierra?, ¿cuántos cuentan con Dios?. Muchos viven como si Dios no tuviera una palabra para un mundo convulso por tantas crisis, no sólo económicas, sino la más importante: la crisis de la ausencia de Dios en los corazones de tantos hombres.

La solemnidad de hoy, la Ascensión, nos invita a dar las soluciones partiendo desde el cielo, desde Dios, que ha ascendido al cielo y nos ha dejado una tarea. ¿Cuál es esta tarea?.

1.- “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación”. La buena nueva de Dios entre los hombres es la que “ilumina los ojos de vuestro corazón”. Todos los conocimientos de los hombres, las decisiones, las aplicaciones, todo debería estar iluminado por la luz del Evangelio. Ante la solución de un problema, la elección de estado de vida, la antesala del  matrimonio, la implementación de las soluciones de la dichosa crisis económica, etc…¿ha estado todo consultado e iluminado por la luz de Evangelio?. Desgraciadamente hay demasiada resistencia al Evangelio, y así nos va, sufrimos la condenación de la confusión ante los problemas a solucionar de la vida ordinaria, y lo que es peor, la recalcitración contra la Fe está arriesgando la salvación eterna.

2.-“A los que crean, les acompañaran estos signos: echarán demonios en mi nombre”, etc…¡demasiado bonito para ser verdad!, expresarán muchos. Lo que Cristo nos está diciendo es que la solución la pone El cuando confiamos en su palabra salvadora. Nosotros tenemos que imponer nuestras manos, es decir, poner nuestro trabajo y buena voluntad confiando en Dios, pero la debida solución en el momento apropiado la pone el Señor. “No os toca a vosotros conocer los tiempos y las fechas..Cuando el Espíritu descienda sobre vosotros”. Trabajar con plena confianza en Dios.

3.-“ Jesús subió al cielo y se sentó a la derecha de Dios”. Es una invitación a ser cristianos con mayor sentido de eternidad, de cielo. El está allá, no para descansar y olvidarse de nosotros, sino para interceder ante el Padre. Por eso nuestras oraciones en la Misa terminar: “por Cristo Nuestro Señor”.

Ser más del Cielo es una invitación a “comprender la esperanza a la que hemos sido llamados”. ¿Cómo ejercitarte en la esperanza?, reza todos los días con la seguridad de que “su fuerza poderosa” desciende sobre los que creen en El. Vivir los sacramentos como un auténtico “bautizado en el Espíritu Santo”. Ser “pregonero del evangelio por todas partes”.

No te quedes plantado mirando al cielo, esperando imaginarias soluciones que nunca llegarán. Contempla a Cristo en el Cielo, consúltale tus cosas y aplícate a poner por obra las soluciones desde la fe de la Iglesia, en ella estarás libre de los venenos de este mundo, de las falsas soluciones que desesperan.

P. Vicente Cortina, LC.

SAN JUAN MARIA VIANNEY (1786-1859)

Así comenzó su misión: 
“Dios mío, concédeme la conversión de mi parroquia; acepto sufrir todo lo que quieras durante toda mi vida”. Con esta oración comenzó su misión.

Con dificultad terminó sus estudios para el sacerdocio, pero su celo y su amor a las almas logró grandes conversiones. Muchas personas esperaron días para confesarse con él. Todo un ejemplo de amor a las almas... Ser buenos pastores, es dar la vida por las ovejas.

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¿Y SI TOCASE EL CORAZÓN DE JESÚS EN LA ORACIÓN?

¿Qué pasaría si lograse entrar en el corazón de Jesús durante la oración, si mi oración fuese más allá de las palabras y llegase a entablar una conversación cara a cara?

El tiempo volaría, Él me miraría y yo a Él y por fin, mi corazón se llenaría de lo que tanto anhelo, de la paz que busco y deseo cada día. 

Únete a nuestra aventura de hacer volar el tiempo y entrar en el corazón de Jesús.

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EL SEÑOR TE NECESITA

Salió de su cielo y se hizo hombre y como hombre "necesitó" muchas cosas. De una Madre para encarnarse, de educación, de unos discípulos y ahora, te necesita, el Señor necesita hoy, en este domingo de Ramos un burro para montarse y entrar como Rey en Jerusalén. 

¿Te negarás acaso? Deja que el Señor se suba sobre tu espalda, su peso es suave y su carga ligera.... no tengas miedo. Él te llevará a buen puerto. Él subirá a la cruz, no tú, lo hará en tu lugar. Déjate amar por el Maestro, sé su burrito, di que sí!

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CUARTA SEMANA: EL DESIERTO DEL AMOR

Dios te busca más de lo que tú te buscas. El transforma cada señal para mostrarte su corazón!

4. El desierto del amor: ésta fue la experiencia de tantos personajes del Antiguo Testamento. Dios es un enamorado del hombre y en el desierto nos hace su declaración más grande de amor. “Te creé por amor y te sigo buscando por amor: ¿quieres seguirme?”

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INCLINA TU OÍDO HACIA MÍ...

Viendo una foto me acordé del Salmo 88,2-3 en el que el hombre clama a Dios: inclina tu oído hacia mí el día que te invoco, llegue hasta a ti mí súplica.

Con qué ternura Dios baja a nosotros sus creaturas para escucharnos y darnos un tierno beso, como un Padre con su hijo querido. Llenémonos de confianza esta Cuaresma.

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ENTRO EN LA ORACIÓN EN ESPERA DE ALGO....

LA LENTITUD ANTE EL RETO
¿Te has sentido alguna vez como una tortuga cruzando el desierto? ¿Tu reto personal parece superarte?

1. Pon el freno a tu vida, ve más despacio, deja que el corazón se serena y el silencio tenga vida en tu alma. Verás menos cosas, pero las verás mejor, con más detalle. 
2. Tómate el reto de tu vida como algo que durará, no lo podrás lograr de una sola vez, perso si divides "tu fresa" en 40 días, sí podrás. 

Ponte en presencia de Dios... medita, platica a Jesús... y a ver qué te dice...

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¿En espera de qué?...

Mi duda me hará atender a la distinción siguiente que es necesario que nunca olvide: "Cumplir con mi oración" y "esperar algo de ella".
Cumplo con mi oración (esto no es tan malo y, cuando se piensa en algunas vidas activas, es heroico a veces)...
Yo cumplo, es decir: yo hago de mi oración (como muchos cristianos hacen de la Misa del domingo) un acto de obediencia...
Pero ¿qué es lo que espero?
Y, sin embargo, Dios ha hablado y ha insinuado que se espere algo:
"Yo la conduciré a la soledad
y ahí le hablaré al corazón" (Os 2, 16).
"Zaqueo, desciende. Es necesario que yo me aloje hoy en tu casa" (Le 19, 5).
"Simón, tengo algo que decirte" (Le 7, 40).
"Si alguno oye mi voz y abre,
cenaremos juntos" (Apoc 3, 20).
"Si alguno me ama... yo lo amaré,
y me manifestaré a él" (Jn 14, 21).

¿Qué espero yo de la oración?

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SI TUVIERAS FE, VERÍAS COSAS MARAVILLOSAS

La fe no suple ni anula la razón, la eleva a otro plano la completa y la perfecciona. 

Si tuvieras fe, verías cosas maravillosas, abre los ojos, déjate curar por los momentos de fe que Dios te da cada día. 

Abre los ojos, mira bien, ¿qué ves?

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DE PERSEGUIR A SEGUIR

La conversión de san Pablo y nuestra conversión

El día de su convérsión fulminante, Dios le preguntó: ¿por qué me persigues? Desde aquél instante, Saulo se conviritó en Pablo y de perseguidor pasó a ser seguidor. 

Perseguir significa "conseguir que alguien sufra o padezca procurando hacerl el mayor daño posible". Ciertamente no perseguimos a Dios, pero sí me atrevería a decir que nos "perseguimos a nosotros mismos" cuando no seguimos a Dios. ¡Cuánto daño nos hacemos cuando nos perseguimos, nos buscamos a nosotros mismos, nuestras pasiones!

En cambio, seguir a Alguien significa caminar en su compañía. San Pablo experimento este acompañamiento y la compañía de Cristo y por eso le bastó decir como resumen de su vida: "me amó y se entregó por mí" (Gal 2,20). 

Mañana, en la conversión de san Pablo pidamos para dejar de perseguirnos y comenzar o continuar siguiendo a Cristo.