Ayuda en la predicación

En esta sección proponemos tres elementos para ayudar en la predicación. En la primera pestaña –HOMILÍA- ofrecemos una homilía completamente redactada.

En la pestaña ESQUEMAS proponemos sugerencias y enfoques con los que se puede desarrollar la homilía, para que cada uno se la prepare a su gusto.

En la pestaña MISCELÁNEA ofrecemos algún ejemplo, anécdota o elemento curioso que ayude a visualizar y comunicar mejor el mensaje de la liturgia.

Esquema homilía

SANTÍSIMA TRINIDAD (ciclo B)

“Hijos adoptivos”

LA PALABRA DE DIOS: 1ª: Deut. 4,32-40; 2ª: Rom 8,14-17; 3ª: Mt 28,16-20

A lo largo del año litúrgico hemos recorrido las etapas de la historia de la salvación y hoy llegamos a su momento culminante. Dios se revela como un misterio de amor; este es el Dios en el que creemos. De esta fe nace el estilo de vida que identifica al cristiano. El pueblo de Israel experimenta este amor de preferencia cuando Yahvé lo libera de la esclavitud y lo coloca en una tierra prometida (1ª lectura). Dios se hace aún más cercano a nosotros en la persona de Jesucristo que nos convierte por medio del bautismo en hijos adoptivos y herederos, y nos permite llamarlo con todo derecho “Padre” (2ª lectura). En nombre de la Trinidad nos envía como apóstoles con el poder de predicar y bautizar en su nombre. La mejor garantía de la misión que hemos recibido es su promesa: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Evangelio)

MENSAJE DOCTRINAL:

1) El castillo interior

Al llegar a la cumbre de una montaña es normal que nos sentemos a contemplar el panorama. El que tenemos hoy ante nuestros ojos es el más bello, infinito, permanente. La Trinidad es vida y misterio. Parafraseando a San Pablo podemos decir: “Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni hay palabras para describir la inmensidad de Dios”. (1 Co 2, 9).

A lo largo de todo el año litúrgico nos hemos acercado a Él en sus manifestaciones de ternura, de misericordia, de holocausto y en sus diversas epifanías. Hoy lo miramos en sí mismo, en su esencia. La liturgia nos acerca al misterio de la vida íntima de Dios que, aunque llena el cielo con su omnipresencia, tiene la humildad de enviar a sus discípulos hasta los confines de la tierra para que prediquen y bauticen en su nombre. Parece un Dios lejano, pero ¿Quién más podría decir que su Creador se ha hecho uno como nosotros? Por la encarnación nos introduce en el misterio de su vida hasta tal punto que podemos acudir a Él en términos familiares.

El alma habitada por la Santísima Trinidad, es una realidad que hemos de descubrir y que ilumina toda nuestra vida. Además nos lleva a la perfecta unión con Dios y al servicio del prójimo. Santa Teresa de Jesús describe esta inhabitación como un “castillo interior” espléndido y luminoso. Jesús nos aconseja: "Sed perfectos, como perfecto es vuestro Padre del cielo" (Mt 5. 48). Todos hemos sido llamados a la santidad. El santo es capaz de todo porque lleva a Dios en su corazón y Él le da la fuerza necesaria para todos los heroísmos, todos los martirios, todas las acciones apostólicas, todas las contemplaciones de amor.

2) El castillo exterior

En esta época de la globalización, ha llegado el momento de descubrir, iluminar y edificar también el “castillo exterior”. Es decir, la presencia de Dios no sólo en nosotros, sino también entre nosotros. Allí donde dos o más están unidos en el nombre del Señor, allí está el Señor. Nosotros formamos juntos la casa de Dios a condición de estar unidos en el amor. Somos su templo (S. Agustín). Nuestro ser personal es comunitario. Como ocurre en Dios, el hombre sólo es "persona" cuando vive en relación con los otros y se entrega a los demás por amor. Decía Pablo VI: "La manifestación concreta del sentido social cristiano es, ante todo, el sentir un vivo interés por los demás, por la situación concreta en que viven los hombres".

Creer significa construir comunidad, responder a la palabra y a la iniciativa de Dios, amarnos los unos a los otros para que el mundo vea que Dios es amor. La caridad es el carnet de identidad de los cristianos y hace creíble la presencia de Dios en la historia. Debemos gastar nuestra vida al servicio de los hombres; debemos entregar a nuestro hermano aquello que más amamos y apreciamos, incluso debemos estar dispuestos a darles lo que vale más que cualquier otra cosa: nuestra propia vida.

 

3) La Iglesia, familia de hijos adoptivos

“La Iglesia, decía san Cipriano, es un pueblo reunido en virtud del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”. Somos hijos de la Iglesia. La amamos porque nos ha injertado en su familia a través de los sacramentos: Nos ha forjado soldados de Cristo; ha perdonado y borrado nuestros pecados “setenta veces siete”; nos ha nutrido con el cuerpo de Jesús; ha bendecido el amor de nuestros padres; ha elevado a la dignidad sacerdotal a unos pobres hombres. Ella, finalmente, nos dará el último adiós. A Dios. Nos dará eternamente a Dios. “Nada he amado tanto como al hombre, dice Dios, su rostro es mi imagen y su espíritu un soplo de mi vida. Le he dado mi ley, lo he revestido de mi misericordia” (Hilario de Poitiers). La Iglesia es la familia de los hijos adoptivos de Dios, y una de las cosas que nos revela el misterio de la Trinidad es que Dios es una comunidad de amor, es decir, una familia. Por eso la Biblia usa tres palabras: Padre, Hijo, Amor, para expresar de algún modo el misterio de la vida divina.

Si pregunto ¿En qué creemos, los cristianos? Ustedes responden: “Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra”. Y también creador del hombre, su obra maestra, colocado en el centro de esta grandeza cósmica. Este hombre, débil y fuerte a la vez, es la imagen de Dios. “Qué es el hombre, para que te acuerdes de él, el ser humano, para darle poder?” Es hijo con el Hijo. Porque nuestro Dios es también Hijo unigénito de Dios. Este es el prodigio que se realiza en el bautismo: Nos hace hijos adoptivos de Dios, hermanos de Jesucristo, herederos del cielo, miembros de la Iglesia. Un pueblo nuevo que nace del misterio trinitario que hoy celebramos.

PARA LLEVARLO A LA VIDA:

La ignorancia religiosa suele ser la causa de muchas defecciones en la fe. El buen cristiano examina periódicamente su nivel de cultura religiosa. Nuestro amor a Dios va a ser proporcional al conocimiento que tengamos de Él. Será un buen propósito a la luz de esta fiesta, buscar aquellas actividades de formación que nos ayuden a conocer mejor nuestra fe: Cursos de espiritualidad, escuelas de oración, estudio de los documentos de la Iglesia, informativos sobre la actualidad eclesial, lecturas selectas, formación continua a través de los movimientos seglares etc. Hacer nuestra la pregunta de Pedro: “¿A quién iremos, Señor, si sólo tú tienes palabras de vida eterna?” (Jn. 6,67)

 

P. José Luis Díaz L.C.

Esquema homilía (8º domingo del tiempo ordinario / 27 de mayo de 2018)

Santísima Trinidad

TEMA:
Llamados a bautizar en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.


Exordio:
El evangelio nos indica que debemos ir “a todo el mundo, bautizando en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. ¿Cómo podemos nosotros bautizar? La liturgia nos da una pista al decir: “La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo estén con todos vosotros”

Proposición:

¿Cómo podemos bautizar en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo?

Desarrollo:

1. ¿Cómo bautizar en el nombre del Padre?

- “El amor de Dios” hace que sea creador y providente y, por ello, es Padre. Por ser amor, todo lo que Dios crea es bueno, ama para donar el bien que necesita la persona amada.

- Bautizamos en el nombre del Padre cada vez que hacemos algo bueno por amor. Cada acto bueno, hecho con amor, es un bien que no existía antes de haber sido realizado. Es un bautizar en el nombre del Padre, es un trasmitir al mundo el amor de Dios.

2. Bautizar en el nombre del Hijo.

- “La gracia de nuestro Señor Jesucristo”, el Hijo, nos concede el perdón de nuestros pecados y la vida divina en nuestras almas.

- Bautizamos en el nombre del Hijo cada vez que perdonamos los errores, ofensas y deficiencias de los demás. Y cada vez que con nuestro ejemplo de vida, consejos y fidelidad colaboramos en la construcción y desarrollo de un mundo según el querer de Dios.

3. Bautizar en el nombre del Espíritu Santo.

- “La comunión del Espíritu Santo” es el don que logra la comunión con Dios y, en consecuencia, la comunión con el Vicario de Cristo y con toda la Iglesia.

- Bautizamos en el nombre del Espíritu Santo cada vez que, con nuestros pensamientos, palabras y obras, nos convertimos en promotores de unidad y caridad.

Peroración:

¿A quién vas a bautizar hoy? ¿Qué bautismo vas a realizar en el día de hoy, en el nombre de la Trinidad Santa: Padre, Hijo y Espíritu Santo?

 

P. Juan Carlos Ortega, LC

ASESINADO POR SU HERMANO

San Wenceslao, mártir (935)

Wenceslao y Bolelao eran hermanos, e hijos de reyes. Cuando murió el padre, Wenceslao debía asumir el trono como primogénito que era. Pero la madre, que quería más a Boleslao, hizo cuanto pudo para arrebatarle el trono y dárselo al menor. Tramó todos los tipos de artificios, incluso la muerte del hijo.

Un día Boleslao le dijo: "Ven a celebrar conmigo la fiesta de los santos Cosme y Damián. Después celebraremos en santa compañía la fiesta de san Miguel".

Wenceslao aceptó la invitación. Se realizó el banquete. Era la trampa. Habían prevenido al santo rey, pero él no hizo caso. Al hacer el brindis, dijo: "Amigos míos, mañana es la fiesta de san Miguel. Bebamos en su honra esta copa de vino, para que se digne llevar nuestras almas al festín de la gloria". Después abrazó a sus amigos y se fue a dormir.

Al día siguiente, antyes de salir el sol, Wenceslao se dirigió a la iglesia. Junto a la puerta se encontró con su hermano Boleslao. Lo abrazó y le agradeció los momentos felices que habían pasado juntos en la víspera. EL hermano responsió sarcásticamente:

- Ayer fue ayer. Hoy el servicio es otro.

Le dio en la cabeza con la espada. Wenceslao hubiera podido defenderse; pero hubiera derramado la sangre de su hermano. Prefirió morir perdonando. Fue acribillado a puñaladas por los seguidores de Boleslao. Tenía sólo 28 años, pero mucho amor y nobleza.

 

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MI VIDA UN BARCO

Mi vida es un barco Señor en el oceano de tu amor. Mi humanidad una botella transparente que si bien me obliga a tocar el mar de tu amor desde la fe, me deja verlo y ansiarlo. 

Tus pruebas Señor están llenas de esperanza. Cuando me dejas en la playa es porque te retiras como la marea para volver con más fuerza. 

¿Qué puedo temer si eres amor infinito? Si un día, esa botella desaparecerá y mi corazón, como ese barco, navegará libre envuelto en tu amor infinito. Sopla cada día tu espíritu para que sueñe aventuras de cielo mientras vivo en la tierra.

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SAN JUAN MARIA VIANNEY (1786-1859)

Así comenzó su misión: 
“Dios mío, concédeme la conversión de mi parroquia; acepto sufrir todo lo que quieras durante toda mi vida”. Con esta oración comenzó su misión.

Con dificultad terminó sus estudios para el sacerdocio, pero su celo y su amor a las almas logró grandes conversiones. Muchas personas esperaron días para confesarse con él. Todo un ejemplo de amor a las almas... Ser buenos pastores, es dar la vida por las ovejas.

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¿Y SI TOCASE EL CORAZÓN DE JESÚS EN LA ORACIÓN?

¿Qué pasaría si lograse entrar en el corazón de Jesús durante la oración, si mi oración fuese más allá de las palabras y llegase a entablar una conversación cara a cara?

El tiempo volaría, Él me miraría y yo a Él y por fin, mi corazón se llenaría de lo que tanto anhelo, de la paz que busco y deseo cada día. 

Únete a nuestra aventura de hacer volar el tiempo y entrar en el corazón de Jesús.

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EL SEÑOR TE NECESITA

Salió de su cielo y se hizo hombre y como hombre "necesitó" muchas cosas. De una Madre para encarnarse, de educación, de unos discípulos y ahora, te necesita, el Señor necesita hoy, en este domingo de Ramos un burro para montarse y entrar como Rey en Jerusalén. 

¿Te negarás acaso? Deja que el Señor se suba sobre tu espalda, su peso es suave y su carga ligera.... no tengas miedo. Él te llevará a buen puerto. Él subirá a la cruz, no tú, lo hará en tu lugar. Déjate amar por el Maestro, sé su burrito, di que sí!

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CUARTA SEMANA: EL DESIERTO DEL AMOR

Dios te busca más de lo que tú te buscas. El transforma cada señal para mostrarte su corazón!

4. El desierto del amor: ésta fue la experiencia de tantos personajes del Antiguo Testamento. Dios es un enamorado del hombre y en el desierto nos hace su declaración más grande de amor. “Te creé por amor y te sigo buscando por amor: ¿quieres seguirme?”

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INCLINA TU OÍDO HACIA MÍ...

Viendo una foto me acordé del Salmo 88,2-3 en el que el hombre clama a Dios: inclina tu oído hacia mí el día que te invoco, llegue hasta a ti mí súplica.

Con qué ternura Dios baja a nosotros sus creaturas para escucharnos y darnos un tierno beso, como un Padre con su hijo querido. Llenémonos de confianza esta Cuaresma.

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ENTRO EN LA ORACIÓN EN ESPERA DE ALGO....

LA LENTITUD ANTE EL RETO
¿Te has sentido alguna vez como una tortuga cruzando el desierto? ¿Tu reto personal parece superarte?

1. Pon el freno a tu vida, ve más despacio, deja que el corazón se serena y el silencio tenga vida en tu alma. Verás menos cosas, pero las verás mejor, con más detalle. 
2. Tómate el reto de tu vida como algo que durará, no lo podrás lograr de una sola vez, perso si divides "tu fresa" en 40 días, sí podrás. 

Ponte en presencia de Dios... medita, platica a Jesús... y a ver qué te dice...

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¿En espera de qué?...

Mi duda me hará atender a la distinción siguiente que es necesario que nunca olvide: "Cumplir con mi oración" y "esperar algo de ella".
Cumplo con mi oración (esto no es tan malo y, cuando se piensa en algunas vidas activas, es heroico a veces)...
Yo cumplo, es decir: yo hago de mi oración (como muchos cristianos hacen de la Misa del domingo) un acto de obediencia...
Pero ¿qué es lo que espero?
Y, sin embargo, Dios ha hablado y ha insinuado que se espere algo:
"Yo la conduciré a la soledad
y ahí le hablaré al corazón" (Os 2, 16).
"Zaqueo, desciende. Es necesario que yo me aloje hoy en tu casa" (Le 19, 5).
"Simón, tengo algo que decirte" (Le 7, 40).
"Si alguno oye mi voz y abre,
cenaremos juntos" (Apoc 3, 20).
"Si alguno me ama... yo lo amaré,
y me manifestaré a él" (Jn 14, 21).

¿Qué espero yo de la oración? ___________________________________________________________________ SI TUVIERAS FE, VERÍAS COSAS MARAVILLOSAS

La fe no suple ni anula la razón, la eleva a otro plano la completa y la perfecciona. 

Si tuvieras fe, verías cosas maravillosas, abre los ojos, déjate curar por los momentos de fe que Dios te da cada día. 

Abre los ojos, mira bien, ¿qué ves?

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DE PERSEGUIR A SEGUIR

La conversión de san Pablo y nuestra conversión

El día de su convérsión fulminante, Dios le preguntó: ¿por qué me persigues? Desde aquél instante, Saulo se conviritó en Pablo y de perseguidor pasó a ser seguidor. 

Perseguir significa "conseguir que alguien sufra o padezca procurando hacerl el mayor daño posible". Ciertamente no perseguimos a Dios, pero sí me atrevería a decir que nos "perseguimos a nosotros mismos" cuando no seguimos a Dios. ¡Cuánto daño nos hacemos cuando nos perseguimos, nos buscamos a nosotros mismos, nuestras pasiones!

En cambio, seguir a Alguien significa caminar en su compañía. San Pablo experimento este acompañamiento y la compañía de Cristo y por eso le bastó decir como resumen de su vida: "me amó y se entregó por mí" (Gal 2,20). 

Mañana, en la conversión de san Pablo pidamos para dejar de perseguirnos y comenzar o continuar siguiendo a Cristo.